Blog Cuadernos de Tauromaquia Noticias

MEAR COLONIA

Por Álvaro Acevedo / Foto: Teseo Comunicación

Una sensación de paz te invade al contemplar las evoluciones de Juan Bautista: tiene facilidad y buen aire con el capote y la muleta, y mata los toros con esa facilidad que da la maestría. Sin mancharse. Pero tiene un problema: ni es pobre, ni lo apodero yo, así que normalmente comparece en las plazas con esa frialdad del que lo tiene todo más o menos resuelto. Juan Bautista, que yo creo que es un tío encantador y un buen torero, está metido hasta las trancas en este sistema podrido que tiene secuestrado a la Fiesta. Es empresario y a la vez torero, lo nunca visto, y hace bien, porque por lo menos así no es un mayordomo (a jornada completa) de Matilla, Simón Casas y otros desastres. Pero claro, se le nota que no se está jugando las papas  para torear en Castellón, Valencia, Sevilla, Madrid, Granada… ¡Coño, si torea hasta en Granada!

Si Diego Urdiales fuera el empresario de Logroño, lo mismo lo contrataban de vez en cuando, porque no creo yo que sea peor torero que Juan Bautista. ¿Verdad? Pero nada, ahí lo tienen haciendo su particular temporada de peña en peña mientras otros van de intercambio en intercambio. Urdiales debería ser un torero de ferias, pero por no ir, no va ni a la Feria del Libro mientras una tropa de matatoros nos martiriza un día sí y otro también.

La corrida de La Quinta no me gustó, y cada vez que veo un santacoloma que no humilla se me cae el mundo encima, igual que cuando paso por “Bucaré” y no veo esos lotes de vacas cárdenas comiendo hierba, y me acuerdo de esos tentaderos en lo de Buendía, o en lo de Felipe Bartolomé, con don Joaquín dirigiendo el tentadero: “Un capotazo para sacarla, y otro para dejarla en los medios. Ahí no, niño, medio metro más atrás”. Ni por hechuras, ni por bravura, la corrida fue lo que yo esperaba, pero hubo un toro, el cuarto de la tarde, que tuvo estilo y temple. Juan Bautista lo toreó con tanto aseo y buenas maneras como falta de pasión. Una pena: el de La Quinta era para haber reventado la tarde con quince muletazos de camisas rotas. A Morenito, por ejemplo, sí le vi esa mirada de tigre frente a un lote sin chance.

Por la noche fui a ver al Sevilla al bar de mi compadre, un señor que como se meta de verdad en esto del toro pone la Fiesta del revés en un cuarto de hora. Sólo tiene un problema: que yo creo que es amigo mío de los de verdad. Joaquín Caparrós, al frente de un equipo muerto, destrozaba al Real de Madrid con la devoción y mala leche del que siente lo que hace. Con Montella, nos hubieran metido siete. Ya basta de mear colonia, por favor…