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BRINDIS POR ROCÍO DE LA CÁMARA

Por Álvaro Acevedo / Foto: Sara de la Fuente

Los novilleros, hoy más que nunca, no saben dónde se han metido, pero se irán dando cuenta con el paso de los años, o a lo peor, de las horas.  No seré yo quien les quite las ilusiones, pero ya les aviso que la Fiesta,  entre los antitaurinos de fuera y, sobre todo, los antitaurinos de dentro, tiene muy mal futuro si no se acomete una reforma estructural del sector, con la Prensa como elemento de presión de este cambio urgente. O sea, una quimera en toda regla.
¿Ante semejante panorama, procede ahora que perpetremos un juicio sumarísimo a los novilleros que torearon en Sevilla?  Disculpen,  pero no. Si acaso,  me permito la libertad de explicarle a David Salvador que con una muleta tan pequeña es más fácil pegar pases, pero más difícil torear con los vuelos.  El maño, con el siempre inquietante aval de ser apoderado por el sobrino del empresario, justificó sin embargo su inclusión en el cartel a base de quedarse muy quieto y de torear con cierto estilo e incuestionable entrega. Le dieron la oreja por su notable faena al noble segundo, pero me gustó aún más en el quinto, un toro por trapío y al que descubrió su buen fondo con aguante y ambición, demostrando, por si había dudas, que quiere ser torero de verdad. El de la música, por arrancar el pasodoble cuando ya era la hora de matar, le obligó a pasarse de faena y perdió por ello otra oreja de ley. Había brindado a una señora con la que le une un vínculo.  Es su madre.
En conjunto se llevó el mejor lote, pero la forma de meter la cara del tercer utrero fue de una dimensión superior.  Es verdad que se apagó pronto, pero es que se las vio con un novillero desconcertante.  El Adoureño, siempre a tope de ilusión, parecía un hombre con el capote, otro con la muleta,  y otro con la espada.  Me encantó su temple y estilo a la verónica, me sorprendió para mal su retorcimiento con la muleta, y me pareció hasta lógica su ignorancia para llevar a cabo la suerte suprema. El chaval, en cualquier caso, merece un compás de espera.  Brindó al joven torero Juan Leal,  con el que le une un vínculo.  Los dos son franceses.
Otro novillo de calidad,  pero éste más completo, fue el cuarto de la tarde, que cayó en manos de Toñete. Tiene Antonio mucho oficio, y creo que hasta le perjudicó porque le costó llegar al tendido pese a alcanzar fases de buen toreo.  Su faena tuvo una primera parte notable, sobre todo con la mano derecha, pero luego acabó demasiado cerrada en tablas y algo diluida.  Su estilo aún está por definir, pero debería tener en cuenta, por si le sirve de pista, que gustó más cuando se gustó a sí mismo. Los pases de pecho, a la hombrera contraria, le salieron bordados y muy lentos.  Brindó a Pepe Moya, con el que también le une un vínculo.  Ninguno de los dos llega a fin de mes…

Yo, en cambio, brindo por Rocío de la Cámara,  que volvió a echar, un año después,  otra novillada excelente.  Con ella también me une un vínculo: nos gusta el toro con clase.