Cuadernos de Tauromaquia Noticias

JERARQUÍA

Por Álvaro Acevedo / Foto: Carlos Núñez

A los periodistas (vamos a meternos todos y que se salve el que pueda) nos cuesta jerarquizar el toreo, ya sea por cuestiones comerciales o para que no nos miren mal. Ese ridículo “tó er mundo é güeno”  que es el pan nuestro de cada día alcanza límites delirantes cuando llegan las corridas de rejones, en las que por lo visto todo el mundo está cumbre ya pueda parecer aquello una película del Oeste.

Pues no: aquí (acudiendo a la jerarquía militar) hay un capitán general que se llama Diego Ventura le pese a quien le pese, que no rehúye la competencia con nadie, que cada año saca caballos nuevos extraordinarios y al que intentan putear desde tiempos inmemoriales y desde los más variados y mezquinos frentes del negocio taurino. En Sevilla volvió a demostrar su nivel superior desde que sacó a ‘Lambrusco’ para pararle los pies a su primer enemigo hasta que, sin cabezal y a lomos de ‘Dólar’, puso un tremendo par de banderillas a dos manos al quinto bohórquez, un toro negado y reservón, el peor de un encierro noblote pero falto de raza y poder. Los recortes del citado ‘Lambrusco’ en medio metro de terreno fueron una maravilla; el galope de costado y el temple de ‘Nazarí, evidenciados por enésima vez; los quiebros ajustados y las piruetas sin espacio de ‘Fino’, tremendos; la elegancia de ‘Chalana’; la expresividad de ‘Sueño’ con un toro a la contra; y ese más difícil todavía de ‘Dólar’ arrancando hacia el manso sin que el jinete tuviera el mando de la boca para que el maestro dejara el par en todo lo alto, la demostración final, otra vez, de que Ventura es el número uno del arte del toreo a caballo. Sólo el rejón de muerte minimizó el premio a una oreja como balance final de una actuación en la que se impuso a un mal lote de toros.

Nobles y faltos de empuje fueron los de Sergio Galán, que solventó su compromiso con facilidad y buen estilo. Puso buenos palos a su primero, aunque se dejó tropezar las monturas más de la cuenta, y montando a ‘Apolo’ colocó un gran par a dos manos al cuarto de la tarde, al que le cortó una merecida oreja tras una actuación notable con ‘Embroque’ y ‘Bambino’.

Sinceramente, que Leonardo Hernández no cerrara este cartel me parece algo inexplicable, pero quien actuó en tercer turno fue Lea Vicens. Con tanta voluntad como imprecisión al clavar y desajuste en los embroques, firmó una actuación llena de altibajos. Para colmo, se dejó escapar al sexto, un toro bravo, fuerte y alegre; un toro para haberse consagrado en la Maestranza. Sucedió exactamente lo contrario.