Cuadernos de Tauromaquia Noticias

EL FUTURO, A EXAMEN

Por Álvaro Acevedo / Foto: Carlos Núñez

Aunque debe mejorar todavía muchísimo a José Garrido le tengo fe, porque tiene raza y con el capote es gente. Su verónica es honda y barroca, con cierto aire trianero. A sus dos toros los saludó con lances cargando la suerte, jugando los brazos y ganando terreno hasta los medios para rematar en la mismísima boca de riego con enroscadas medias verónicas. Fue soberbio su despliegue capotero, también por delantales y chicuelinas, pero con la muleta no estuvo a la altura de un gran toro de Torrestrella. Hace cosas muy buenas, como los pases de pecho a la hombrera contraria o como el toreo ayudado, ya sea por alto o por bajo. Y a veces, se encaja en los riñones y suelta un natural para abrochar una tanda, y le sale bordado. Sin embargo a sus series de naturales y redondos les falta mensaje, yo creo que porque no engancha las embestidas por delante, porque no se trae el toro toreado de verdad, de manera que le cuesta gobernar y, en consecuencia, templar las embestidas y que la gente paladee su tauromaquia. A su toreo fundamental, en definitiva, le falta todavía calado. Por eso cortó una oreja cuando el toro era de dos.
Me gustó mucho, en cambio, Alvaro Lorenzo. Tiene una calidad notabilísima, sentido del temple y de la colocación, y un dominio perfecto de los toques. Él nos descubrió el buen fondo del interesantísimo segundo toro, que descolgó y rompió a embestir porque el chaval lo metió en la muleta y tiró de la embestida con una precisión y trazo impecables. Con ambas manos construyó una faena excelente, de clase y torería, pero que estropeó con un desastroso manejo de la espada. Con el quinto, el toro feo de una impecablemente presentada corrida de Torrestrella, estuvo firme, centrado y sin vender todo lo bueno que hizo. Creo que no lo vieron.
Tampoco vieron las grandes cualidades de Ginés Marín, pero porque ni tuvo suerte, ni tuvo su tarde. Muy tesonero (quizá demasiado) en los dos toros, intentó muchas cosas pero apenas le salieron. Además el tercero tuvo más dificultades de las que aparentó, y el sexto, que era bravo y noble, se lastimó una mano y, pese a su buena casta, lo acusó.
Se esperaba mucho de la terna y los aficionados les midieron con rigor, y así debe ser porque Sevilla no es Benidorm aunque a veces lo parezca. El domingo pasado aplaudieron hasta a los areneros, muy posiblemente porque la afición se fue a la playa y le prestó el abono al vecino del quinto, a la chacha o a la catequista de la parroquia. Hoy vinieron los de ley, los de la guasa, porque querían examinar a tres jóvenes que pueden ser el futuro, y casi el presente del Toreo. Si aprietan de verdad, no habrá mercader con disfraz de empresario que se resista.