Cuadernos de Tauromaquia Noticias

EMOCIÓN SE ESCRIBE CON “UVE”

Por Ana Pedrero

Foto:Fran Jiménez

Emoción se escribe con “uve” de Víctor, el joven torero, el eterno, alto como la espiga que se alza dorada, en vuelo. Con la “uve” de la vida, que siempre se abre paso, que siempre se impone por encima de la muerte. Con la “ce” del calor de una ovación con miles de corazones latiendo, ardiendo en las palmas de las manos, una plaza, el mundo en pie, los ojos hacia lo alto y arriba el cielo azul y oro.

Emoción se escribe con “be” de brindis, con la “de” de la dignidad en el dolor, con la “efe” de familia; con la “erre” de Raquel, que es la “erre” del amor en mayúsculas, sin tiempo. Se escribe con la “pe” de padre y la “eme” infinita de una madre, las monteras volando desde el ruedo a su regazo, allá donde se dormía el Víctor niño, la primera cuna.

Emoción se escribe con la “ese” de seis, de septiembre. Seis toreros, seis tauromaquias, seis formas de entender y de vivir el toreo, convergentes bajo el cielo de Valladolid en la honra y en la memoria a Víctor, que empeñó su vida persiguiendo su sueño, que ya es sueño, que ya es vida siempre.

Emoción se escribe con la “eme” del mago Talavante, las rodillas en tierra como quien hace un acto de fe para erigir después, en pie, un monumento al toreo sobrenatural con un Cuvillo de dulce. Con la zurda y con la diestra, a la izquierda, a la derecha del Padre. Talavante en estado de gracia, bendito seas, absoluto, abandonado, roto, fuera de sí, sin leyes ni cánones, sin fronteras, pura inspiración, puro sortilegio, y las gargantas abrasadas gritando olés nacidos en el centro de la tierra, en el epicentro de las tripas. Se escribe con la “ele” de la locura desbocada, de las lágrimas sin dolor y sin sal, lágrimas sin querer. Se escribe con la “ce” de las carnes abiertas, los cinco sentidos, con la “i” de lo increíble, como si no se pudiese llegar ya ningún paso más allá en el misterio del toreo.

Emoción se escribe con la “ce” del recital de cante grande de Morante, cante jondo, de hondura infinita, a compás, tan torero, las verónicas mecidas, el brindis al cielo, el mentón asentado en el pecho, el genio desatado, más en Morante que nunca. La “eme” de Morante. Morante en majestad, catafalco y oro, tan despacio que a veces acariciaba el sueño y se dormía como el aire, tan inalcanzable, tan de todos.

Emoción se escribe con la “be” de “bravura”, con la “te” de toro, con la “ge” de Garcigrande, con la “ce” del campo charro, Salamanca bonita; con la “jota” de un torazo de Justo Hernández que lo tuvo todo desde el minuto cero: ritmo, clase, nobleza, humillación y transmisión, dibujando círculos con los pitones y el morro en la arena y que no se cansaba de repetir en la muleta poderosa, templada y de mano baja de El Juli, profundo, sabio, encajado en el toro como una sola cosa, de principio a fin, ambicioso como si la gloria no fuese el pan de cada día.

Emoción se escribe con la “ese” del silencio, José Tomás en el ruedo, la liturgia, la oración. El silencio de las cosas que no se cuentan, los invisibles lazos que nadie conoce, los paraísos que no necesitan explicación. La “ese” del susurro: Gracias, José Tomás, gracias. La “ese” de la primera sonrisa de Raquel, la “e” de los estatuarios y después el desprecio, el toreo en vertical, y después los naturales que terminaron de vaciar a un toro que se acabó demasiado pronto. Con la “ce” de los clicks de la cámara de Anya, la mágica mirada que se posa sobre todo.

Emoción se escribe con la “ce” del Ciclón Padilla, puro corazón, puro fuego, con un toro que en la romana pasó a lo justito aunque se tapaba por delante, afilado. El primer brindis con vino de Jerez, Raquel en pie en una plaza en pie, hirviendo, el estallido en banderillas, la promesa, el presagio de una tarde por la vida.

Emoción se escribe con la “ele” del luto de Manzanares. Luto por el padre, en el nombre del padre. Luto por el joven Víctor. Luto por dos toreros que fue empeño ante un inválido al que le robó, de uno en uno, naturales de ensueño, esfuerzo y mérito, naturales de azabache, de querer siempre.

Emoción se escribe con la “erre” de reflexión final. Para que la muerte no sea una excusa para la vida, para resucitar el toreo, para demostrar que el planeta Toro es un terremoto que sacude la tierra cuando se juntan seis toreros. Para hacerle hueco a los ‘VíctoresBarrios’ del toro que pelean por entrar en las ferias y escriben su pasión con la “de” de dignidad, con la “efe” de la fe, la “pe” de la pasión y la “ese” del sueño.

Emoción se escribe con la “uve” de Víctor Barrio, que es la “uve”de la vida. Con la “a” del amor, ay amor mío, que ayer sobrevolaba Valladolid inundándolo todo, haciendo el día a día más llevadero, más liviano, si todo lo cura, si todo lo puede. Desbordando, venciendo a la muerte.