Cuadernos de Tauromaquia Noticias

LA MALAGUETA A SUS PIES

Por Álvaro Acevedo

Si no fuera por cómo templó a sus toros, diríamos que Diego Ventura pasó como un ciclón por Málaga en una tarde memorable que sólo el fallo con el rejón de muerte se encargó de mitigar. O sea, que lo que pudieron ser cuatro orejas y un rabo se quedó en un insignificante trofeo.

Ello no es óbice, sin embargo, para constatar que el baño a sus compañeros fue oceánico. A su primero, que pegaba arreones y cornadas a traición, le bajó los humos con el poderío de “Nazarí”, que nos ofreció su clásico recital de valor, temple y fuerza en los galopes de costado. Diego, además, clavó con precisión impecable, siempre yendo de frente, y mantuvo la tensión con unos quiebros arriesgados a lomos de “Ritz”. Tras las cortas Ventura falló en la suerte suprema y el premio se redujo a un trofeo.

Pero lo del quinto, un soberbio toro, fue de un nivel inaudito. Tras pararlo con recortes suaves, lo dejó muy entero a conciencia, apostando a doble o nada, y se explayó montando a “Sueño” en una obra magistral.  El galope de costado,  en una vuelta casi completa a la plaza pegado a tablas, fue apoteósico, así como los recortes por dentro o los quiebros dejándose venir al toro, retranqueando con la montura y librando el peligro en el último segundo, cuando la cogida parecía inevitable. Después de tres pinchazos hubo incluso una fuerte petición de oreja y una clamorosa vuelta al ruedo.

Sus compañeros Pablo Hermoso de Mendoza y Manuel Manzanares no tuvieron su tarde, aunque el público, muy cariñoso, los despidió entre palmas. Ventura también cruzó el ruedo andando cuando debería haberlo hecho a hombros. Y lo hizo entre lágrimas. Unas lágrimas que le impedían ver la Malagueta a sus pies.