Cuadernos de Tauromaquia Noticias

LA AMARGA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA

Por Álvaro Acevedo/Foto: Carlos Núñez

La lectura de la tarde va más allá de lo sucedido en el ruedo, y gira en torno al camino en solitario que emprenden algunos toreros. Un camino con mucho de aventura incierta, aún más en estos tiempos en los que hasta las figuras corren despavoridas de una empresa a otra pidiendo socorro.

Sobre esta falta de cojones fuera de la plaza, y de lo dañina que es tan lastimosa actitud para la salud de la Fiesta, ya hablaremos algún día con detenimiento. Pero hoy, dos damnificados del triste panorama actual hacían el paseíllo en Badajoz. Uno, Miguel Ángel Perera, demostró su condición de figura con una gran tarde de toros. Sobrado de confianza y de valor, muy templado siempre, con mando y muletazos muy largos, construyó dos faenas compactas, sin altibajos, muy ortodoxas en el toreo fundamental, para terminar pisando casi con avasallamiento los terrenos del toro. Cortó tres orejas e inició así un verano que no va a ser fácil. Los mandarines de la Fiesta quieren putearlo.

Tampoco se lo van a poner en bandeja a José Garrido, otro independiente cuyas comisiones no van a la hucha común. El joven apretó de lo lindo en dos faenas menos templadas que otras veces pero de mucha garra, emotivas y con esa raza que tienen que tener los toreros para solucionar situaciones difíciles. El camino va a ser largo, pero yo creo que llegará a su meta.

También lo creo en el caso de Ginés Marín, que sorteó con diferencia el lote malo de la tarde. Tan malo, que aparte de unos lances preciosos a su primero, apenas pudo mostrar sus enormes cualidades, por mucho que también lo sacaran a hombros.Pero no se preocupen. Las razones por las cuales Ginés Marín va a ser un torero grande van más allá de la suerte o el destino. Es algo innato. No le den más vueltas.